Las refinerías de petróleo tienen activos que podrían servir para producir combustibles renovables o incorporar hidrógeno de menor huella de carbono, pero ninguna receta sirve para todas. Esa es la conclusión central de un trabajo del Instituto de Energía de la Universidad Austral, cuyos ejes difundió la revista Estación Actual.

El trabajo, titulado La refinería del futuro, lleva la firma de Alejandro Morató, ingeniero industrial con más de dos décadas en refinación y docente de esa universidad. Según el documento, cada proyecto tendrá que confirmar que cuenta con materia prima, compradores y financiamiento, y que puede ejecutarse sin frenar la operación de la planta.

Las oportunidades

El punto de partida es la infraestructura ya instalada. Además de las unidades de proceso de crudo, una refinería cuenta con tanques, ductos, laboratorios, instalaciones de hidrógeno y equipos de acondicionamiento y mezcla.

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Una alternativa es tratar aceites, grasas y otros insumos de origen biológico. El análisis pone el foco en el combustible sostenible de aviación (SAF), ya que los aviones seguirán dependiendo de combustibles líquidos para bajar sus emisiones. Con adaptaciones, algunas plantas podrían intervenir en su producción, mezcla y distribución.

Otra vía es el hidrógeno, que las refinerías usan desde hace décadas. Reemplazar una parte por hidrógeno de menor huella reduciría las emisiones de procesos existentes. Morató suma la posibilidad de combinarlo con generación renovable, almacenamiento, recuperación de calor o captura de carbono, según el perfil de cada complejo.

Los límites técnicos y económicos

El informe advierte que la tecnología es sólo una parte. Una planta pensada para ciertos insumos tiene restricciones de espacio, servicios y capacidad; cambiar de materia prima exige revisar equipos, demanda de hidrógeno, calidad del producto y logística, con obras hechas en instalaciones que deben seguir operando con seguridad.

La ecuación económica pesa tanto como la técnica. Antes de modificar o construir una unidad, las empresas deberán asegurarse de conseguir insumos suficientes, vender lo producido mientras dure la inversión y recuperar lo invertido. Un proyecto con beneficios ambientales puede no ser rentable todavía.

Por último, el autor subraya el factor humano: las obras, los nuevos procedimientos y la capacitación del personal son parte del cambio. A su juicio, contar con infraestructura es una ventaja, pero el futuro de cada planta se definirá por cómo se invierta y se gestione hoy.

Fuente Estación Actual