En Brasil cada estación de servicio decide a qué distribuidora le compra el combustible y qué precio cobra en el surtidor. Ese margen de libertad convive con una competencia fuerte, costos laborales que preocupan al sector y un abastecimiento en el que pesan mucho las decisiones de Petrobras. Así lo describió Wilber Silvano de Sousa Filho, que preside Sindiposto-TO y representa a Fecombustíveis, la entidad nacional de los empresarios del rubro, en una entrevista con Surtidores luego de que Luiz Inácio Lula da Silva fuera reelegido.

Reelegido el 10 de marzo por cuatro años, el dirigente suma 18 años en la reventa y diez como conductor de la entidad. Los expendedores piden previsibilidad para sus inversiones y advierten que los anuncios oficiales muchas veces no aparecen en las facturas que les llegan.

Precios libres y proveedor a elección

De acuerdo con la Agencia Nacional del Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP), desde 2002 rige la libertad de precios en todos los eslabones de la cadena. Cada estación fija su precio según el costo de compra, sus gastos y la competencia local.

Allí tienen peso las estaciones independientes, llamadas de “bandera blanca”. Como no están atadas a una sola distribuidora, pueden comparar ofertas y elegir proveedor, aunque a cambio están obligadas a indicar en cada surtidor de dónde proviene el combustible y a actualizar esa información cuando cambian de abastecedor.

Las estaciones con marca, en cambio, tienen un contrato de suministro. Wilber subrayó que esa relación no le da a la distribuidora el poder de definir el precio al público: el operador sigue fijando sus valores. También destacó que la regulación separa la distribución del comercio minorista y, salvo excepciones puntuales, impide que las distribuidoras manejen en forma directa estaciones para el consumidor final, lo que a su juicio resguarda al estacionero.

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Petrobras, subsidios y costos laborales

Su mayor preocupación para el nuevo mandato es que el Gobierno siga incidiendo en los precios que fija Petrobras. Según explicó, la brecha frente a los valores de importación y a los de las refinerías privadas complica la planificación en un mercado que necesita traer gasoil del exterior. Cuando suben las cotizaciones internacionales, las distribuidoras usan ese movimiento para justificar aumentos, pero las bajas anunciadas por la petrolera estatal no siempre llegan en la misma proporción a las estaciones.

“Esto termina colocando al estacionero en una posición muy difícil frente al consumidor, que espera una reducción inmediata en el surtidor”, afirmó Wilber en declaraciones recogidas por el medio. Aclaró, de todos modos, que considera necesaria una ayuda temporal al gasoil ante una crisis internacional, porque Brasil depende del transporte por ruta; lo que cuestiona son las políticas que pueden dejar distorsiones permanentes.

En lo laboral, el dirigente señaló que la complejidad de las normas y los criterios dispares de la Justicia complican la gestión, y sigue el debate para terminar con el esquema que hoy prevé un día de descanso cada seis trabajados, por su efecto en establecimientos abiertos las 24 horas. Estimaciones del comercio citadas por él calculan que los gastos de personal podrían subir entre 18 % y 20 %, aunque el impacto real estará atado a lo que finalmente se apruebe.

Con esos costos en debate, las tiendas ganan peso. Para Wilber, vivir sólo de la venta de combustibles todavía es posible en algunas regiones, pero ese margen se achica, por lo que recomienda adaptar la oferta de comidas, productos y servicios a los hábitos de cada comunidad.

La federación también quiere más controles, sigue de cerca la reforma tributaria y busca que se adelante el esquema monofásico de tributación para el etanol hidratado. Además, observa un proyecto que permitiría que hasta el 50 % de los surtidores sean de autodespacho. El dirigente espera que el próximo gobierno ofrezca normas más nítidas y transparentes, de modo que la libertad de comercio se convierta en inversiones previsibles.

Fuente Surtidores