Antes de comprar un cargador para autos eléctricos, el estacionero debería averiguar con qué potencia cuenta en su conexión. La infraestructura eléctrica, las adecuaciones de la conexión y la obra civil pueden costar más que el propio equipo, y ese cálculo puede definir si el proyecto es viable.

La recomendación es de Diego Cosentino, especialista en movilidad sostenible y consultor internacional, en diálogo con Surtidores. El interés del sector creció después de que YPF y Tesla anunciaran corredores de carga ultrarrápida a partir de 2027. Durante una presentación en la Bolsa de Comercio de Rosario, Horacio Marín explicó que el primer tramo unirá esa ciudad con Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Buenos Aires y Mar del Plata, y una extensión en preparación hacia La Quiaca y Ushuaia. El vínculo entre ambas empresas arrancó en junio con una carta de intención sobre recarga y almacenamiento de energía.

Primero, la red eléctrica

El paso inicial que propone Cosentino es una consulta técnica ante la distribuidora para saber con cuánta capacidad cuenta y qué obras harían falta. Según el caso, puede hacer falta ampliar la instalación, conectarse en media tensión o montar un centro de transformación propio. Para desarrollos grandes, estimó que entre cuatro y ocho puestos de supercarga pueden exigir de 1 a 2,5 megavatios de potencia instantánea, lo que obliga a analizar la capacidad local y el uso simultáneo de los equipos.

Te puede interesarTiendas y serviciosLas estaciones YPF se preparan para funcionar como puntos de retiro de Mercado LibreHoracio Marín anticipó en Rosario que el acuerdo está por cerrarse. La petrolera apuesta a sus tiendas Full y proyecta superar los US$ 1.000 millones de facturación.Leer nota

En cuanto a la demanda, el flujo de autos frente a la playa no alcanza como indicador: mucho tránsito de vehículos convencionales no garantiza que se use el cargador. El consultor prioriza la ubicación y el tiempo que el cliente puede quedarse, y después la presencia de vehículos eléctricos: flotas comerciales, rutas turísticas o barrios de ingresos medios y altos.

La tienda, el verdadero ingreso

Una carga rápida lleva entre 15 y 30 minutos, según el auto y las condiciones. Ese tiempo favorece el consumo en cafeterías, restaurantes y espacios de trabajo. “La rentabilidad actual no proviene de la venta directa de energía, sino del gasto adicional que realiza el conductor en la tienda de conveniencia durante el tiempo de recarga”, explicó.

La velocidad debe acompañar ese uso. En ruta, la carga rápida es indispensable porque el viajero quiere seguir; en destinos urbanos con estadías de más de una hora pueden servir equipos de menor potencia. Poner uno lento en una carretera, salvo como respaldo, puede complicar el recupero de la inversión.

Entre otros puntos a revisar, el especialista mencionó:

  • Protocolo OCPP: un estándar abierto de comunicación que evita depender de un solo proveedor para gestionar la operación.
  • Conectores y certificaciones: verificar adaptadores y homologaciones antes de cerrar la compra.
  • Normas de seguridad: la reglamentación AEA 90364-7-722 y las normas IEC 61851 e IEC 62196, además de las auditorías y autorizaciones para convivir con el despacho de combustibles, según la obra y la jurisdicción.
  • Mantenimiento: una falla sin respuesta rápida afecta el servicio y la reputación, por lo que las condiciones de reparación deben pesar tanto como el precio del equipo.

Cosentino estimó que una expansión del mercado podría impulsar a proveedores locales y abaratar instalaciones. Para quienes todavía no tienen suficientes usuarios, sugirió empezar por el estudio de suministro y la proyección económica antes de desembolsar.

Fuente Surtidores